Escape room casero para un cumpleaños infantil
Un escape room resuelve la hora muerta entre que llegan los invitados y sale la tarta. Estas son las cosas que cambian cuando en vez de dos niños hay ocho.
El problema de un cumpleaños no es el juego, son los niños que sobran alrededor.
Lo que cambia en esta fecha
Parte el grupo en dos equipos y dales rutas distintas
Con más de cinco niños detrás de un solo móvil, tres se aburren y se van. Monta dos partidas con escondites diferentes y que compitan: acaban antes y nadie mira desde fuera.
Colócalo antes de la tarta, no después
Después del azúcar no hay escape room que aguante. El mejor hueco es justo cuando ya han llegado todos y todavía no saben qué hacer.
Reparte los papeles antes de empezar
Uno lleva el móvil, otro lee en voz alta, otro apunta los números. Si no lo dices tú, el móvil se lo queda el más rápido y los demás dejan de jugar.
Que el premio sea para todos
Si el premio es único, el que lo encuentra gana y el resto pierde. Una bolsa de chuches por cabeza escondida en el mismo sitio arregla la tarde.
Cuenta cuarenta y cinco minutos, no una hora
Con invitados todo va más lento: se distraen, se pierden, hay que ir al baño. Si la partida dura más de tres cuartos de hora, se desinfla.
Dónde esconder las pistas
Al montar la partida eliges los escondites uno a uno. Para cumpleaños, estas zonas de la casa funcionan mejor que otras:
- El salón, que es donde estarán todos
- La cocina, fácil de vigilar
- El pasillo y las puertas
- Evita los dormitorios: acaban revueltos
Cómo se monta
- Eliges en un formulario dónde escondes cada una de las doce pistas.
- Imprimes una hoja A4 con las etiquetas y las recortas.
- Las escondes donde has dicho y le das el móvil a los niños.
Cada etiqueta que encuentran les dice dónde está la siguiente, así que no necesitan que estés encima. Tú llevas otra página con las soluciones por si se atascan.