Escape room de Navidad para niños, en casa
En Navidad hay dos cosas de sobra: primos de todas las edades y horas muertas de sobremesa. Un escape room aprovecha las dos.
El reto no es entretenerlos, es que se entretengan juntos teniendo cuatro y once años.
Lo que cambia en esta fecha
Que la última pista lleve a un regalo
En vez de esconder chuches, esconde uno de los regalos. La partida deja de ser un juego y pasa a ser la forma de abrirlo.
Empareja a los mayores con los pequeños
Con primos de edades muy distintas, por parejas funciona: el mayor lee y resuelve, el pequeño busca y encuentra. Los dos hacen algo.
Después de comer, antes del café
Los adultos se quedan sentados y los niños necesitan moverse. Es exactamente el hueco que hay entre el turrón y las llamadas de teléfono.
Esconde en la casa de quien recibe, no en la tuya
Si la comida es en casa de los abuelos, monta ahí. Necesitas media hora antes y conocer los sitios: el formulario te deja marcar solo lo que haya.
Cuidado con el árbol
Parece el escondite perfecto y es el peor: se acaba en el suelo con las bolas rotas. Debajo de los cojines o dentro de una caja vacía de turrón funcionan mejor.
Dónde esconder las pistas
Al montar la partida eliges los escondites uno a uno. Para navidad, estas zonas de la casa funcionan mejor que otras:
- El salón, junto al árbol pero no en él
- La cocina, entre lo que sobró de la comida
- El recibidor y los abrigos
- La caja de los adornos
Cómo se monta
- Eliges en un formulario dónde escondes cada una de las doce pistas.
- Imprimes una hoja A4 con las etiquetas y las recortas.
- Las escondes donde has dicho y le das el móvil a los niños.
Cada etiqueta que encuentran les dice dónde está la siguiente, así que no necesitan que estés encima. Tú llevas otra página con las soluciones por si se atascan.